Marruecos


Historia


Historia de Marruecos: de la Antigüedad al país actual

Marruecos ocupa una posición geográfica extraordinaria: es la esquina noroccidental de África, separada de Europa por apenas 14 kilómetros en el estrecho de Gibraltar. Esta situación convirtió desde muy pronto su territorio en un lugar de encuentro entre África, el Mediterráneo, Europa y el mundo árabe.

Su historia es, por tanto, la de numerosas culturas y pueblos que se han sucedido y mezclado: las antiguas poblaciones amazigh, los fenicios y cartagineses, Roma, los conquistadores árabes, las grandes dinastías islámicas, las potencias europeas y, finalmente, el Marruecos independiente.

1. Los primeros habitantes: el Marruecos amazigh

Mucho antes de que existiera Marruecos como Estado, el territorio estaba habitado por diferentes pueblos amazigh, tradicionalmente llamados bereberes. Se trata de los habitantes autóctonos del norte de África, cuya presencia se remonta a la Prehistoria.

Durante la Antigüedad no existía un único Estado que correspondiera al Marruecos actual. Había diferentes tribus y reinos amazigh que mantenían relaciones comerciales y políticas con las grandes civilizaciones mediterráneas.

A partir del primer milenio a. C., los fenicios establecieron puestos comerciales en la costa atlántica y mediterránea. Más tarde, la influencia de Cartago se hizo importante. Lugares como Lixus, Mogador (la actual Essaouira) o Tingis (Tánger) formaron parte de esas redes comerciales. (Wikipedia)


2. El reino de Mauritania y la llegada de Roma

En los siglos anteriores a nuestra era surgió el reino de Mauritania, un reino amazigh que ocupaba buena parte del actual Marruecos y zonas del oeste de Argelia. No debe confundirse con la actual Mauritania, mucho más al sur.

Roma comenzó a ejercer influencia sobre este reino hasta convertirlo en un Estado cliente. Finalmente, en el año 40 d. C., Roma incorporó el territorio septentrional como la provincia de Mauritania Tingitana.

Una de las grandes huellas romanas es Volubilis, cerca de la actual Meknes. La ciudad llegó a convertirse en un importante centro de la provincia romana y conserva impresionantes mosaicos, templos, termas y edificios públicos. (UNESCO World Heritage Centre)

Image

Sin embargo, el dominio romano fue mucho más limitado de lo que podría parecer. Roma controlaba fundamentalmente las zonas del norte y las áreas económicamente estratégicas; gran parte del territorio interior permaneció bajo el control de pueblos locales.

A finales del siglo III Roma comenzó a retirarse de buena parte de la región. Durante los siglos siguientes se produjo una etapa bastante fragmentada, hasta la llegada del islam.


3. La llegada del islam y los idrisíes: el nacimiento de un Estado marroquí

A finales del siglo VII y durante el VIII, los ejércitos árabes avanzaron por el norte de África. Con ellos llegaron dos elementos que transformarían profundamente la región: el islam y la lengua árabe.

La islamización no fue instantánea y durante mucho tiempo convivieron las nuevas estructuras islámicas con las sociedades amazigh.

El momento decisivo llegó a finales del siglo VIII con Idris I, descendiente de Alí —yerno del profeta Mahoma—, que se estableció en el territorio y fue reconocido como gobernante por diferentes grupos locales.

En torno al año 789 comenzó la dinastía idrisí, considerada generalmente la primera dinastía que creó un Estado propiamente marroquí. Su hijo, Idris II, consolidó el poder y convirtió Fez en la capital. (Visitar Marruecos)

Aquí encontramos uno de los primeros grandes momentos de la historia de Marruecos: Fez comienza a convertirse en un centro político, religioso y cultural del Magreb.


4. Los almorávides: nace Marrakech

Después de la fragmentación del poder idrisí aparecieron diferentes poderes regionales. En el siglo XI surgió una nueva potencia procedente del mundo amazigh del Sáhara: los almorávides.

Los almorávides construyeron un enorme imperio que llegó a abarcar buena parte del Magreb y Al-Ándalus.

Y aquí aparece una ciudad fundamental para entender Marruecos:

Marrakech fue fundada por los almorávides hacia 1062.

La ciudad se convirtió en su capital y en un importantísimo centro comercial que conectaba el África subsahariana con el norte de África y Al-Ándalus. (Visitar Marruecos)

Los almorávides cruzaron además el estrecho y participaron activamente en la política de Al-Ándalus, enfrentándose a los reinos cristianos del norte de la península Ibérica.

Por tanto, durante esta época Marruecos deja de ser simplemente un territorio periférico del Mediterráneo y se convierte en el centro de un gran imperio magrebí y andalusí.


5. Los almohades: el gran imperio del Magreb y Al-Ándalus

A mediados del siglo XII los almorávides fueron derrotados por otra dinastía amazigh: los almohades.

Los almohades crearon un imperio todavía mayor, que llegó a dominar gran parte del Magreb y Al-Ándalus.

Fue una época de enorme desarrollo cultural, arquitectónico y económico. Marrakech volvió a ser uno de los principales centros del imperio y se construyeron monumentos que todavía son símbolos de la ciudad.

La Koutoubia de Marrakech tiene precisamente sus raíces en esta época, y su minarete se convirtió en uno de los grandes modelos de la arquitectura magrebí y andalusí. (Visitar Marruecos)

La derrota almohade frente a los reinos cristianos en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212) marcó un punto de inflexión. A partir de entonces su imperio comenzó a desintegrarse.


6. Los meriníes: la época dorada de Fez

Entre los siglos XIII y XV dominaron los meriníes, otra dinastía de origen amazigh.

Su capital fue Fez, que experimentó un extraordinario desarrollo. Los meriníes construyeron mezquitas, madrasas, palacios y fortificaciones y convirtieron la ciudad en uno de los grandes centros intelectuales del mundo islámico occidental. (Visitar Marruecos)

Es también durante estos siglos cuando se intensifica la relación entre Marruecos y Europa.

Los portugueses, y posteriormente otras potencias europeas, comenzaron a establecerse en diferentes puntos de la costa marroquí. Ceuta cayó en manos portuguesas en 1415, un acontecimiento que suele considerarse el comienzo de la expansión portuguesa por la costa atlántica africana.


7. Los saadíes: expulsión de los portugueses y esplendor de Marrakech

Tras un periodo de inestabilidad surgió en el siglo XVI la dinastía saadí.

Los saadíes llegaron al poder en un momento particularmente complicado: las potencias europeas estaban intentando hacerse con numerosos puertos del norte de África.

Los saadíes lucharon contra los portugueses y recuperaron varias ciudades costeras. Uno de sus grandes triunfos fue la batalla de Alcazarquivir (1578), en la que un ejército portugués fue derrotado.

Durante esta época Marruecos también se enriqueció gracias al comercio transahariano.

Marrakech volvió a convertirse en capital y se construyeron algunos de los monumentos que hoy constituyen sus grandes atractivos, como las Tumbas Saadíes y el espectacular palacio de El Badi. (Visitar Marruecos)


8. Los alauíes: la dinastía que continúa gobernando Marruecos

A mediados del siglo XVII los saadíes fueron sustituidos por la dinastía alauí.

Y aquí aparece la continuidad histórica más importante del Marruecos actual:

La dinastía alauí sigue siendo la familia reinante de Marruecos en la actualidad.

Procedente de la región de Tafilalt, en el sureste del país, consiguió reunificar progresivamente el territorio. Uno de sus sultanes más importantes fue Moulay Ismail, que hizo de Meknes su capital y construyó enormes murallas, palacios y puertas monumentales. (Visitar Marruecos)

La dinastía consiguió mantener una relativa independencia frente a las grandes potencias europeas durante bastante tiempo.

Durante los siglos XVIII y XIX, sin embargo, la presión europea fue aumentando.


9. El siglo XIX: Marruecos entre las potencias europeas

En el siglo XIX Marruecos comenzó a encontrarse cada vez más rodeado por las potencias coloniales europeas.

Francia estaba consolidando su dominio sobre Argelia y aumentando su influencia en Marruecos. España también tenía intereses en el norte de África.

El problema era que Marruecos seguía siendo formalmente un Estado independiente.

Esto provocó una creciente rivalidad internacional por controlar el país. La situación llegó a su punto culminante a comienzos del siglo XX.


10. El Protectorado francés y español (1912-1956)

En 1912 Marruecos perdió de facto buena parte de su independencia.

El Tratado de Fez estableció un protectorado francés sobre la mayor parte del territorio, mientras que España obtuvo una zona de influencia en el norte y otra en el sur. Tánger, por su parte, adquirió posteriormente un régimen internacional especial.

Es importante entender que Marruecos no fue formalmente una colonia en todo su territorio, sino un protectorado: el sultán y las instituciones marroquíes continuaron existiendo, aunque el poder efectivo quedó en gran medida en manos de las autoridades francesa y española.

Durante esta época se transformaron profundamente las ciudades. Los franceses desarrollaron nuevas zonas urbanas —las villes nouvelles— junto a las medinas tradicionales. Casablanca, por ejemplo, experimentó una enorme expansión y se convirtió en el gran centro económico del país.

También se produjo una fuerte modernización de infraestructuras, pero acompañada de una profunda desigualdad entre la población europea y la marroquí.

El movimiento nacionalista fue creciendo durante las décadas de 1930 y 1940. En 1944 se presentó el Manifiesto de la Independencia. (Diplomatie)


11. La independencia: 1956

El principal protagonista de la independencia fue el sultán Mohammed V, que se convirtió en símbolo del movimiento nacionalista.

Francia llegó incluso a exiliarlo en 1953, lo que provocó una importante reacción popular. Su regreso en 1955 abrió el camino definitivo hacia la independencia.

En 1956, Francia reconoció la independencia de Marruecos. España hizo lo propio con su protectorado ese mismo año. Tánger fue reintegrada al país posteriormente, en octubre de 1956. (Wikipedia)

Este es, por tanto, el momento en que podemos hablar del Marruecos moderno como Estado independiente.

No obstante, algunas cuestiones territoriales quedaron abiertas y el proceso de recuperación de territorios bajo control español continuó durante las décadas siguientes.


12. Hassan II y el Marruecos contemporáneo

Mohammed V murió en 1961 y fue sucedido por su hijo Hassan II, que reinó hasta 1999.

Su largo reinado estuvo marcado por una combinación de modernización económica, fuerte centralización del poder y tensiones políticas. Fue una etapa conocida por la oposición política y por la represión de determinados movimientos, especialmente durante los llamados “años de plomo”.

También fue durante este periodo cuando Marruecos consolidó buena parte de sus reivindicaciones territoriales.

En 1975, Hassan II organizó la Marcha Verde, mediante la cual decenas de miles de marroquíes marcharon hacia el entonces Sáhara Occidental administrado por España. España abandonó el territorio poco después y Marruecos pasó a controlar gran parte de él. La situación del Sáhara Occidental sigue siendo una de las cuestiones políticas más controvertidas de la región.


13. Mohamed VI y el Marruecos actual

En 1999 murió Hassan II y subió al trono su hijo, Mohamed VI, actual rey de Marruecos.

14. Sistema político oficial

Marruecos es una monarquía constitucional, democrática y social de carácter semicentralizado, según su Constitución de 2011, aunque en la práctica funciona con una fuerte predominancia de la figura real.

1. Jefe de Estado y Poder Real

  • El Rey (Mohamed VI): Es el jefe de Estado, comandante supremo de las Fuerzas Armadas y Amir al-Mu’minin (Comendador de los Creyentes), lo que le otorga autoridad tanto política como religiosa.
  • Atribuciones: Nombra al jefe de Gobierno, puede disolver las cámaras del Parlamento, preside el Consejo de Ministros y mantiene el control directo sobre los ministerios de soberanía (como Interior, Defensa, Asuntos Exteriores y Asuntos Islámicos).

2. Poder Ejecutivo

  • Jefe de Gobierno: Es designado por el rey entre el partido político que obtiene más escaños en las elecciones legislativas.
  • Composición: El Gobierno gestiona la política nacional y es responsable ante el Parlamento y el monarca.

3. Poder Legislativo (Parlamento Bicameral)

El Parlamento de Marruecos es de carácter bicameral:

  • Cámara de Representantes (Cámara Baja): Cuenta con 395 escaños elegidos por sufragio universal directo cada 5 años.
  • Cámara de Consejeros (Cámara Alta): Representa a las regiones, colectividades locales y sectores profesionales/sindicales, con mandatos de 9 años (renovándose un tercio cada 3 años).

4. Poder Judicial

  • Independencia formal: La Constitución establece que el poder judicial es independiente.
  • Control real: El rey preside el Consejo Superior del Poder Judicial y los magistrados son nombrados por Dahir (decreto real).

5. Organización Territorial y Partidos

  • Administración: El país se divide en 12 regiones, subdivididas en provincias y prefecturas.
  • Sistema multipartidista: Conviven diversas fuerzas políticas (como el RNI, el PAM y el partido Istiqlal), aunque las decisiones estratégicas de Estado se deciden en estrecha coordinación con el Palacio Real.

15. Sistema político en la práctica

En la práctica, la situación real del poder político en Marruecos difiere significativamente del marco puramente teórico o parlamentario de otros países occidentales. Aunque la Constitución de 2011 introdujo reformas para dar mayor peso al Gobierno y al Parlamento, los analistas y politólogos suelen definir el sistema como un autoritarismo competitivo o una monarquía ejecutiva.

El ejercicio práctico del poder se estructura bajo los siguientes ejes reales:

1. El papel del Majzén (El Poder en la Sombra)

El concepto de Majzén hace referencia al entramado tradicional de poder que rodea al monarca: asesores reales, altos mandos militares, servicios de inteligencia y grandes élites económicas y familias influyentes.

  • Este círculo político y económico toma las decisiones estratégicas y estructurales del país (macroeconomía, infraestructuras, alianzas internacionales) al margen del debate parlamentario.
  • Los partidos políticos compiten en las elecciones legislativas por gestionar la administración cotidiana (carreteras, servicios locales, sanidad), pero carecen de competencias reales sobre las grandes directrices del Estado.

2. Los Ministerios de Soberanía

Aunque el jefe de Gobierno propone su gabinete tras ganar las elecciones, el palacio real retiene el control de los denominados ministerios de soberanía: Interior, Asuntos Exteriores, Defensa y Asuntos Religiosos.

  • Esto blinda la política exterior y la seguridad nacional frente a los vaivenes electorales. Por ejemplo, las grandes decisiones diplomáticas del país son dirigidas directamente por el soberano y ejecutadas por tecnócratas leales a la Corona.

3. El control de los tiempos constitucionales

A diferencia de las monarquías parlamentarias europeas, en Marruecos la balanza institucional se inclina siempre hacia el trono. El rey preside el Consejo de Ministros (donde se aprueban las leyes orgánicas y las políticas generales) y retiene la potestad absoluta de disolver las cámaras o declarar estados de excepción, suspendiendo de facto el curso político ordinario si se considerara necesario.

4. Cooptación y fragmentación de partidos

El Palacio Real ejerce un rol de árbitro y moderador del tablero político, pero también promueve activamente un multipartidismo fragmentado para evitar que una única fuerza política acumule demasiado poder popular. Cuando un partido capitaliza el descontento o crece en las urnas, el sistema fomenta coaliciones amplias que diluyen su programa político, asimilándolo dentro de la estructura institucional del Estado.

5. Desafección ciudadana

Esta dualidad provoca que una parte importante de la población perciba que acudir a las urnas tiene un impacto limitado en sus vidas. Históricamente, las elecciones registran tasas significativas de abstención o votos nulos, reflejo de una desafección en la que los ciudadanos entienden que el verdadero rumbo socioeconómico del país no se decide en el Parlamento, sino en el Palacio.