Kasbah Ait Ben Haddou

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Historia

Cuando se contempla por primera vez Aït Ben Haddou, resulta fácil pensar que se está ante una fortaleza aislada en medio del paisaje. Sin embargo, su historia es mucho más interesante. El conjunto que hoy conocemos como Aït Ben Haddou es un ksar, un poblado fortificado formado por viviendas, espacios comunitarios y construcciones defensivas, levantado con tierra y otros materiales tradicionales.

Situado en el valle del Ounila, en la vertiente sur del Alto Atlas, el ksar formó parte de un paisaje de poblados fortificados que durante siglos se extendieron por los valles presaharianos del sur de Marruecos. Su posición no fue casual: el valle constituía una de las rutas que comunicaban el interior del país con las regiones situadas al sur del Atlas.

Hoy Aït Ben Haddou es uno de los ejemplos más importantes de arquitectura tradicional de tierra de Marruecos y forma parte de la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1987. (UNESCO World Heritage Centre)

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Los orígenes del ksar

La historia de Aït Ben Haddou se encuentra rodeada de tradición oral y de algunas incertidumbres. El propio nombre hace referencia a Ben Haddou, antepasado al que la tradición atribuye el establecimiento de la comunidad en este lugar. Sin embargo, no debe confundirse esta tradición con una fecha histórica de fundación perfectamente documentada.

De hecho, uno de los aspectos más importantes para entender la antigüedad del lugar es que las construcciones que actualmente se conservan no parecen ser anteriores al siglo XVII, según la UNESCO. Esto no significa que el asentamiento o el modelo de vida que representa Aït Ben Haddou comenzaran entonces. Las técnicas constructivas y la organización de los ksour ya tenían una tradición mucho más antigua en los valles del sur de Marruecos. (UNESCO World Heritage Centre)

Por tanto, cuando se habla de la historia de Aït Ben Haddou conviene distinguir entre la antigüedad del asentamiento y la antigüedad de los edificios que podemos contemplar actualmente.

El conjunto que ha llegado hasta nuestros días pertenece esencialmente a una tradición arquitectónica desarrollada durante los siglos posteriores, especialmente a partir del siglo XVII.

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Un poblado en una ruta comercial

La posición de Aït Ben Haddou ayuda a explicar su existencia.

El valle del Ounila atraviesa el Alto Atlas y conecta las regiones presaharianas con el área de Marrakech. A través de este territorio discurrían antiguas rutas comerciales que comunicaban el norte de África con las regiones situadas al sur del Sáhara.

La UNESCO identifica Aït Ben Haddou como uno de los numerosos puntos comerciales de la ruta que unía el antiguo Sudán con Marrakech, pasando por el valle del Draa y el puerto de montaña de Tizi-n’Telouet. (UNESCO World Heritage Centre)

Esto resulta fundamental para comprender el carácter del ksar.

Aït Ben Haddou no nació simplemente como una fortaleza destinada a defenderse de ataques. Era también un lugar habitado y relacionado con las actividades económicas de su entorno. Comerciantes, viajeros y caravanas atravesaban estas rutas, mientras las comunidades locales controlaban, cultivaban y aprovechaban los recursos de los valles.

Los ksour del sur marroquí constituían, de esta manera, pequeños mundos autosuficientes y protegidos, adaptados tanto a las condiciones climáticas como a las necesidades de una sociedad en la que la seguridad y el almacenamiento de alimentos tenían una importancia fundamental.

La vida dentro del ksar

A diferencia de una fortaleza puramente militar, Aït Ben Haddou estaba concebido como un auténtico lugar de residencia.

Tras sus murallas se concentraban las viviendas y los espacios destinados a la vida colectiva. Había casas sencillas, pero también grandes edificios residenciales que, por su tamaño y sus torres decoradas, adquieren el aspecto de pequeños palacios fortificados.

La estructura del poblado respondía a una organización comunitaria muy concreta. Las viviendas se agrupaban estrechamente unas junto a otras, formando un conjunto compacto y protegido.

Además de las casas, el ksar disponía de diferentes espacios de uso colectivo:

  • una mezquita;
  • una plaza pública;
  • zonas destinadas a la trilla de cereales;
  • un caravasar;
  • un granero o almacén fortificado;
  • una fortificación en la parte alta;
  • un cementerio musulmán;
  • un cementerio judío;
  • y el santuario de Sidi Ali o Amer.

La existencia de estos espacios demuestra que Aït Ben Haddou era mucho más que una simple agrupación de casas. Era una comunidad organizada, con sus lugares religiosos, económicos, defensivos y sociales. (UNESCO World Heritage Centre)

El poder de la arquitectura defensiva

La propia forma del ksar refleja las necesidades de aquella sociedad.

Las viviendas aparecen protegidas por altas murallas, reforzadas mediante torres situadas en los ángulos. Los accesos estaban diseñados para dificultar una entrada directa y el conjunto podía ser cerrado y defendido.

Pero la función defensiva no explica por sí sola la monumentalidad de algunas casas.

Las familias más importantes podían disponer de grandes viviendas con torres y fachadas decoradas mediante motivos geométricos realizados en ladrillo de tierra. Estas construcciones, conocidas habitualmente como kasbahs, contrastaban con las viviendas más sencillas del interior del poblado.

Esta combinación de arquitectura doméstica, comunitaria y defensiva es precisamente una de las características que hacen excepcional a Aït Ben Haddou.

El comercio y las caravanas

Durante siglos, las rutas que atravesaban el sur de Marruecos estuvieron vinculadas al comercio transahariano.

Las caravanas conectaban Marrakech y otras ciudades del norte con las regiones situadas al sur del Sáhara. Por ellas circulaban diferentes mercancías y productos, y los asentamientos situados a lo largo de las rutas podían desempeñar funciones de descanso, intercambio y abastecimiento.

Aït Ben Haddou se encontraba en uno de esos corredores.

Su posición junto al valle del Ounila y la existencia de un caravasar dentro del propio ksar son especialmente reveladoras. El caravasar proporcionaba alojamiento y servicios a los viajeros y comerciantes que recorrían estas rutas.

No obstante, conviene evitar una imagen demasiado romántica de Aït Ben Haddou como una especie de «parada obligatoria de todas las grandes caravanas del Sáhara». La documentación disponible permite afirmar su relación con esta red comercial, pero no demuestra que cada caravana atravesara necesariamente el ksar.

Lo que sí está documentado es que Aït Ben Haddou formaba parte del sistema de asentamientos y puntos comerciales asociado a la ruta entre el antiguo Sudán y Marrakech. (UNESCO World Heritage Centre)

Aït Ben Haddou y los demás ksour del sur de Marruecos

Aït Ben Haddou no era un fenómeno aislado.

Los valles del Draa, Dadès, Todgha, Souss y otras regiones presaharianas estuvieron salpicados de ksour y poblados fortificados construidos con tierra.

La importancia de Aït Ben Haddou reside en que ha conservado de una manera excepcional la organización y las técnicas constructivas características de este mundo.

La UNESCO considera que el ksar constituye un ejemplo destacado de las principales formas de construcción en tierra que aparecen en el sur de Marruecos desde el siglo XVII. (UNESCO World Heritage Centre)

Por eso, visitar Aït Ben Haddou no significa únicamente contemplar un pueblo pintoresco. El visitante está ante un testimonio de una forma de vida que durante siglos estuvo profundamente vinculada al paisaje presahariano.

El lento abandono del antiguo ksar

La historia de Aït Ben Haddou no termina con el declive de las antiguas rutas comerciales.

Con el paso del tiempo, las transformaciones económicas y sociales modificaron profundamente la vida tradicional de los ksour. Las nuevas vías de comunicación, la evolución de las actividades económicas y las condiciones de vida hicieron que el antiguo asentamiento perdiera progresivamente su función residencial.

Parte de sus habitantes acabó trasladándose al nuevo núcleo urbano situado al otro lado del río, dejando el antiguo ksar parcialmente abandonado.

Este proceso explica en buena medida el aspecto que presenta actualmente Aït Ben Haddou.

No estamos ante una ciudad completamente abandonada desde hace siglos, ni tampoco ante un poblado histórico que conserve intacta su población original. Es un conjunto patrimonial que ha experimentado un abandono progresivo y parcial, mientras algunas viviendas y edificios han seguido siendo utilizados o mantenidos.

La propia UNESCO considera el abandono de las construcciones tradicionales uno de los factores que han contribuido a su vulnerabilidad. (UNESCO World Heritage Centre)

De poblado vivo a patrimonio mundial

Durante el siglo XX, Aït Ben Haddou empezó a adquirir una nueva importancia.

La belleza de sus construcciones de tierra y su espectacular emplazamiento hicieron que el ksar llamara cada vez más la atención de investigadores, viajeros y posteriormente de la industria cinematográfica.

Al mismo tiempo comenzó a desarrollarse una preocupación por conservar un patrimonio que, al estar construido fundamentalmente con tierra, resulta especialmente vulnerable al paso del tiempo, las lluvias, la erosión y la falta de mantenimiento.

La conservación se convirtió así en una cuestión esencial. El CERKAS, organismo especializado en la conservación y rehabilitación del patrimonio arquitectónico de las zonas del Atlas y del sur marroquí, desempeña un papel importante en la protección del conjunto. (UNESCO World Heritage Centre)

Aït Ben Haddou, Patrimonio Mundial

El reconocimiento internacional llegó en 1987, cuando el Ksar de Aït Ben Haddou fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. (UNESCO World Heritage Centre)

La inscripción se fundamentó principalmente en dos aspectos.

Por un lado, Aït Ben Haddou constituye un ejemplo excepcional de ksar del sur de Marruecos, que conserva diferentes tipos de construcciones tradicionales realizadas con tierra.

Por otro, representa una forma de hábitat tradicional presahariano que se ha vuelto especialmente vulnerable como consecuencia de las transformaciones económicas y sociales. (UNESCO World Heritage Centre)

La UNESCO destaca además que el conjunto ha conservado una notable autenticidad en su configuración arquitectónica y en el uso de materiales tradicionales como la tierra y la madera. (UNESCO World Heritage Centre)

Una historia escrita en tierra

La historia de Aït Ben Haddou es, en definitiva, la historia de una sociedad adaptada a un territorio difícil.

Sus murallas hablan de la necesidad de protección; sus casas, de la organización familiar y social; el caravasar, de las antiguas rutas comerciales; el granero, de la importancia de almacenar los alimentos; la mezquita y el santuario, de la dimensión religiosa de la comunidad.

Y todo ello fue construido utilizando principalmente tierra y madera, materiales aparentemente humildes que permitieron levantar edificios de extraordinaria complejidad.

Por eso, la importancia de Aït Ben Haddou no reside únicamente en que sea uno de los paisajes más reconocibles de Marruecos. Su verdadero valor está en que conserva, concentrada dentro de sus murallas, la memoria de una forma de vida propia de los valles presaharianos del sur del país.

Hoy, cuando el visitante atraviesa sus estrechas calles y asciende hacia la parte alta del ksar, está recorriendo mucho más que un escenario monumental: está entrando en los restos de una antigua comunidad que durante siglos vivió entre las montañas del Atlas, las rutas caravaneras y el desierto.


Recorrido por Aït Ben Haddou

Visitar Aït Ben Haddou no consiste únicamente en contemplar el conjunto desde el exterior. Lo interesante es atravesar sus callejuelas, subir poco a poco hacia la parte alta y descubrir cómo se organizaba este antiguo asentamiento fortificado.


1. La entrada al ksar

La primera impresión de Aït Ben Haddou se obtiene antes incluso de entrar. Desde el exterior se aprecia la concentración de viviendas de tierra, las torres defensivas y el aspecto compacto del conjunto.

El ksar está formado por un grupo de construcciones de tierra rodeadas por murallas defensivas. Las viviendas se encuentran muy próximas entre sí y algunas presentan aspecto de pequeñas fortalezas, con torres en las esquinas y decoración realizada con ladrillos de tierra.


2. Las murallas y las torres defensivas

Una vez que nos acercamos al conjunto, merece la pena detenerse a observar las murallas y las torres.

La arquitectura defensiva es una de las características más importantes del ksar. Las murallas estaban reforzadas mediante torres en las esquinas y otros elementos destinados a dificultar el acceso al interior.

Más que una única fortaleza, Aït Ben Haddou debe entenderse como un conjunto de viviendas y espacios comunitarios protegidos por una estructura defensiva común.


3. Las calles interiores

Al atravesar el acceso comienza la parte más interesante del recorrido: caminar por el interior del ksar.

Las calles son estrechas y están flanqueadas por construcciones de diferentes tamaños. Algunas viviendas son relativamente sencillas, mientras que otras presentan una arquitectura mucho más elaborada, con torres y elementos decorativos.

El trazado no responde a la idea de una ciudad moderna organizada mediante grandes avenidas. El espacio se adapta a la topografía y a las necesidades de un asentamiento tradicional de carácter defensivo.


4. La plaza, la mezquita y los espacios comunitarios

A medida que avanzamos encontramos diferentes espacios que permiten entender que Aït Ben Haddou no era simplemente un grupo de casas.

El ksar disponía de espacios comunitarios, entre ellos una mezquita, zonas de reunión y otros lugares destinados a la vida colectiva. UNESCO también señala la existencia de establos y corrales colectivos, almacenes, un mercado y una sala de reuniones de la jmaa.

La mezquita es uno de los elementos que merece la pena buscar durante el recorrido, aunque no debemos esperar encontrar un gran edificio monumental comparable a las mezquitas históricas de Marrakech o Fez.


5. El caravasar y la vida comercial

Uno de los aspectos más interesantes de Aït Ben Haddou es su relación con las antiguas rutas comerciales.

El ksar se encontraba en el valle del Ounila, dentro de una ruta que comunicaba el sur del actual Marruecos con Marrakech y que conectaba con las rutas comerciales procedentes del antiguo Sudán a través del valle del Draa y del paso de Tizi n’Telouet. UNESCO considera precisamente esta relación con las rutas comerciales uno de los elementos que ayudan a explicar la importancia histórica del lugar.

El recorrido permite imaginar la actividad que debía desarrollarse en torno a viajeros, comerciantes, animales y mercancías.

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6. El granero fortificado o agadir

La subida continúa hacia la parte más elevada del ksar.

Aquí se encontraba uno de los elementos más singulares de Aït Ben Haddou: el granero fortificado, conocido como agadir o ighrem. UNESCO describe esta construcción situada en la parte superior como un auténtico «granero-fortaleza», relacionado con la función defensiva del conjunto y concebido como último refugio en caso de asedio.

Es un buen lugar para detenerse porque permite comprender cómo se combinaban en el ksar las funciones de vivienda, almacenamiento y defensa.


7. La parte alta del ksar

Desde la zona superior podemos apreciar mucho mejor la estructura de Aït Ben Haddou.

La perspectiva permite distinguir cómo las viviendas se agrupan unas junto a otras y cómo las torres sobresalen sobre el conjunto.

También resulta más fácil comprender la relación entre el asentamiento y el paisaje. El ksar se encuentra en el valle del Ounila, en el entorno de las estribaciones del Alto Atlas.


8. El mirador y las vistas sobre el valle

La última parte de la subida merece la pena aunque el objetivo no sea encontrar un monumento concreto.

Desde las zonas elevadas se obtiene una perspectiva privilegiada sobre el ksar y el paisaje que lo rodea. Es también uno de los mejores lugares para entender por qué la ubicación tenía importancia estratégica.

La panorámica permite ver el conjunto como una unidad: murallas, torres, viviendas y espacios comunitarios integrados en un mismo paisaje de tierra y montaña.


9. Regreso por las calles del ksar

Después de disfrutar de las vistas, podemos comenzar el descenso y regresar hacia la zona de acceso.

Es recomendable no bajar directamente sin más. Algunas de las mejores fotografías se encuentran precisamente en las calles interiores, donde podemos fijarnos en los detalles de las fachadas, las puertas, las pequeñas ventanas y los motivos decorativos realizados con tierra.

La arquitectura de Aït Ben Haddou combina construcciones relativamente sencillas con viviendas de mayor tamaño que recuerdan a pequeñas fortalezas, muchas de ellas decoradas mediante motivos geométricos realizados en ladrillo de tierra.