Rabat es la capital de Marruecos y una ciudad donde conviven más de dos mil años de historia. Sus orígenes se remontan a la antigua Sala romana, mientras que en el siglo XII los almohades proyectaron aquí una gran capital imperial, de la que sobreviven las murallas, la Kasbah de los Udayas y la monumental Torre Hassan, minarete inacabado de una enorme mezquita. En el siglo XVII la llegada de moriscos procedentes de la península Ibérica dejó su huella en la arquitectura de la ciudad. Mucho después, durante el Protectorado francés, Rabat se convirtió en capital administrativa y fue objeto de un ambicioso proyecto urbanístico que creó una ciudad moderna junto a la antigua medina. Hoy sus principales atractivos son la Kasbah de los Udayas, la Torre Hassan, el Mausoleo de Mohammed V, la medina, las murallas almohades y el fascinante recinto arqueológico de Chellah. Esta combinación de ciudad antigua y capital moderna explica su declaración como Patrimonio Mundial.
Rabat, la capital entre historia y modernidad
Rabat es hoy la capital política y administrativa de Marruecos, situada en la costa atlántica, en la desembocadura del río Bou Regreg.
Su gran particularidad es que no se trata simplemente de una ciudad histórica a la que se añadió una zona moderna. El conjunto urbano conserva la antigua ciudad islámica, las fortificaciones almohades, la Kasbah de los Udayas, la necrópolis de Chellah y, al mismo tiempo, una ciudad moderna cuidadosamente planificada durante el Protectorado francés.
Por eso la UNESCO inscribió en 2012 “Rabat, capital moderna y ciudad histórica: un patrimonio compartido” en la lista del Patrimonio Mundial. (UNESCO World Heritage Centre)
Un poco de historia
Antes de Rabat: Sala y la época romana
Mucho antes de la actual Rabat existió aquí un asentamiento conocido como Sala, vinculado al mundo mauritano y posteriormente incorporado al Imperio romano.
Sus restos se encuentran hoy en el recinto arqueológico de Chellah.
La historia del lugar es, por tanto, mucho más antigua que la propia fundación de Rabat: en un mismo espacio podemos encontrar huellas de las civilizaciones mauritana, romana e islámica. (UNESCO World Heritage Centre)
La llegada de los almohades
El gran momento medieval de Rabat comenzó con los almohades.
En el siglo XII, el califa Yaqub al-Mansur decidió convertir el lugar en una enorme capital imperial que recibió el nombre de Ribat al-Fath, algo así como “el campamento de la victoria”.
El proyecto era gigantesco: se levantaron enormes murallas y puertas y se comenzó a construir una de las mayores mezquitas del mundo islámico de la época.
Pero el proyecto quedó inacabado tras la muerte de Yaqub al-Mansur.
Y aquí encontramos uno de los grandes símbolos de Rabat: la Torre Hassan, que estaba destinada a ser el minarete de aquella gigantesca mezquita.
La UNESCO considera las murallas y puertas almohades y los restos de la mezquita Hassan como algunos de los elementos fundamentales del patrimonio histórico de Rabat. (UNESCO World Heritage Centre)
Los moriscos y la nueva Rabat
En el siglo XVII llegaron a Rabat numerosos moriscos expulsados de la península Ibérica.
Se instalaron especialmente en la zona de la Kasbah de los Udayas y contribuyeron a darle a la ciudad parte de su carácter arquitectónico andalusí.
De ahí procede también una de las imágenes más bonitas de Rabat: las calles encaladas y pintadas de blanco y azul de la Kasbah.
Rabat durante el Protectorado francés
En 1912, Marruecos se convirtió en protectorado francés y Rabat fue elegida como capital administrativa.
El mariscal Lyautey encargó al arquitecto Henri Prost el desarrollo de una nueva ciudad que debía convivir con la medina histórica.
Y aquí está uno de los aspectos más interesantes de Rabat:
En lugar de destruir la ciudad antigua para construir la nueva, se diseñó una Ville Nouvelle con grandes avenidas, edificios administrativos, jardines y barrios residenciales alrededor de la medina.
La UNESCO considera este proyecto urbanístico uno de los ejemplos más ambiciosos y completos de planificación urbana moderna realizados en África durante el siglo XX. (UNESCO World Heritage Centre)
Tras la independencia en 1956, Rabat continuó siendo la capital del Marruecos independiente.
¿Qué ver en Rabat?
1. La Torre Hassan
La Torre Hassan es probablemente el gran símbolo de Rabat.
Lo que vemos hoy es el minarete inacabado de la enorme mezquita que Yaqub al-Mansur comenzó a construir a finales del siglo XII.
La mezquita debía ser gigantesca, pero las obras se interrumpieron después de la muerte del sultán.
Por eso encontramos algo muy curioso: una enorme explanada cubierta de columnas, con la Torre Hassan dominándola.
La torre estaba proyectada para alcanzar una altura considerable y se convirtió en uno de los ejemplos más importantes de arquitectura almohade.
2. Mausoleo de Mohammed V
Justo al lado de la Torre Hassan se encuentra el Mausoleo de Mohammed V.
Es uno de los edificios más elegantes de Rabat y alberga las tumbas del rey Mohammed V y de sus hijos, Hassan II y Moulay Abdallah.
El edificio combina mármol blanco, zellige, madera tallada, yesería y un característico tejado verde.
Mohammed V ocupa además un lugar fundamental en la historia contemporánea de Marruecos: fue sultán durante el Protectorado y posteriormente, tras la independencia de 1956, se convirtió en rey.
El mausoleo fue construido en el siglo XX y su diseño se inspira deliberadamente en la tradición arquitectónica marroquí. (UNESCO World Heritage Centre)
3. Kasbah de los Udayas
La Kasbah está construida sobre un promontorio junto al océano y la desembocadura del Bou Regreg.
Su origen está relacionado con las fortificaciones almohades, aunque posteriormente fue ocupada y transformada por diferentes poblaciones, incluidos los moriscos procedentes de la península Ibérica.
Lo más bonito es simplemente pasear sin rumbo por sus calles blancas y azules.
Hay pequeñas puertas, casas encaladas, rincones llenos de flores y unas magníficas vistas hacia el Atlántico.
El Café Maure

Dentro de la Kasbah se encuentra el famoso Café Maure, desde cuya terraza se contempla el río y la vecina Salé.
Es un lugar perfecto para hacer una pausa tomando un té con menta.
4. La medina de Rabat
La medina de Rabat es bastante diferente de la de Fez.
Es más pequeña, más manejable y menos laberíntica, lo que permite recorrerla con mayor tranquilidad.
Encontrarás zocos, tiendas de artesanía, tejidos, cuero, cerámica y productos tradicionales.
5. Las murallas y puertas almohades
Rabat conserva algunos de los mejores ejemplos de arquitectura militar almohade.
Entre las puertas destaca Bab Rouah, una monumental entrada a la ciudad decorada con motivos geométricos.
Las murallas permiten entender la magnitud del proyecto de Yaqub al-Mansur: no se trataba de una pequeña ciudad fortificada, sino del intento de crear una auténtica capital imperial.
6. Chellah: el lugar donde se encuentran varias épocas
Esta sería otra de mis visitas imprescindibles.
Chellah es fascinante porque no pertenece a una sola época.
Aquí encontramos restos de:
ciudad mauritana → ciudad romana → asentamiento islámico → necrópolis meriní.
Los romanos conocieron el lugar como Sala Colonia.
Mucho después, los meriníes reutilizaron el recinto y lo transformaron en una necrópolis.
Hoy se camina entre ruinas, murallas, restos romanos, jardines y monumentos islámicos.
Además, las cigüeñas han convertido las antiguas estructuras en sus lugares de nidificación, creando una imagen muy característica.
La UNESCO incluye expresamente Chellah dentro del conjunto patrimonial de Rabat. (UNESCO World Heritage Centre)
7. El Museo Arqueológico
Si quieres profundizar en la historia antigua de Marruecos, merece la pena acercarse al:
Su colección permite comprender mejor la historia del territorio desde la prehistoria hasta las épocas mauritana y romana.
Yo lo recomendaría especialmente después de Chellah, porque las piezas ayudan a poner nombre y contexto a las civilizaciones que acabamos de ver sobre el terreno.
8. La ciudad moderna
La ciudad moderna es parte de su patrimonio.
El centro construido durante el Protectorado conserva avenidas amplias, edificios administrativos, jardines y arquitectura de comienzos del siglo XX.
La avenida Mohammed V es uno de los ejes principales.
La planificación urbana de esta zona es precisamente uno de los motivos por los que la UNESCO decidió proteger la ciudad moderna junto con la histórica, algo bastante excepcional. (UNESCO World Heritage Centre)
9. Jardín d’Essais

Dentro de esta ciudad moderna encontramos también el Jardin d’Essais, un gran jardín botánico y de recreo creado durante el Protectorado.
Es un buen contrapunto a las calles de la medina: después de visitar monumentos, murallas y ruinas, permite disfrutar de una zona verde y tranquila.
La UNESCO lo incluye expresamente dentro del área protegida del patrimonio de Rabat. (UNESCO World Heritage Centre)
10. El río Bou Regreg y Salé
Otro elemento es el río Bou Regreg.
Al otro lado se encuentra Salé, una ciudad histórica que forma junto con Rabat una misma área urbana.
Desde la Kasbah de los Udayas se tienen buenas vistas sobre el río y Salé.
La desembocadura del Bou Regreg también ayuda a entender por qué Rabat nació aquí: era un punto estratégico de comunicación entre el interior y el Atlántico.
Una excursión interesante: Salé

Es menos visitada por el turismo internacional que Rabat, pero tiene una interesante medina y una larga historia.
Además, durante el siglo XVII estuvo estrechamente vinculada a los corsarios de Salé, que operaban desde la desembocadura del Bou Regreg.
Esto conecta muy bien con la historia de los moriscos que llegaron a la zona después de su expulsión de España.
