La ermita de San Baudelio merece, sin duda, una página propia: es uno de los monumentos más singulares de la provincia de Soria. Su interés va mucho más allá de su pequeño tamaño, porque reúne una arquitectura medieval excepcional, unas pinturas murales extraordinarias y una historia marcada por la pérdida de buena parte de su decoración original.
Ermita de San Baudelio de Berlanga
1. Historia de la ermita
Orígenes: un templo del siglo XI
La ermita de San Baudelio se encuentra junto a Casillas de Berlanga, en el término municipal de Caltojar, en un paraje rural apartado de los principales núcleos de población. Fue construida en el siglo XI, durante una época en la que estas tierras formaban parte de la zona fronteriza entre los territorios cristianos y musulmanes de la península ibérica.
Su arquitectura se encuadra tradicionalmente en el arte mozárabe o de influencia mozárabe, aunque el edificio presenta una personalidad tan singular que resulta difícil encasillarlo en un estilo único. En él confluyen soluciones arquitectónicas y decorativas que reflejan la riqueza cultural de la Edad Media peninsular.
Un edificio pequeño con una arquitectura excepcional
La ermita fue concebida como un templo de dimensiones modestas, pero su interior sorprende por la originalidad de su estructura. En el centro de la nave se levanta una gruesa columna de la que parten ocho arcos de herradura, abiertos radialmente hacia la cubierta.
El conjunto recuerda a una palmera de piedra, imagen que se ha convertido en el símbolo más reconocible de San Baudelio. En la parte superior, una pequeña estructura abovedada completa una solución arquitectónica poco común en los templos medievales de la península.
Las pinturas murales: el esplendor perdido
Las paredes estuvieron cubiertas de pinturas murales que combinaban escenas religiosas con representaciones de animales, cacerías, guerreros y otros motivos de la vida medieval. Esa mezcla de asuntos constituye uno de los rasgos más llamativos del monumento.
A comienzos del siglo XX, buena parte de las pinturas fue arrancada y vendida. Aunque la ermita conservó algunos restos, numerosas escenas acabaron en museos, tanto españoles como estadounidenses. El expolio alteró profundamente la apariencia interior del edificio y dispersó un conjunto pictórico que originalmente debía contemplarse como una unidad.

El reconocimiento patrimonial y la situación actual
La importancia artística de San Baudelio hizo que fuera reconocida como monumento nacional en 1917. Sin embargo, esa protección no impidió que pocos años después se produjera la extracción de una parte sustancial de sus pinturas.
Hoy, la ermita permite apreciar su arquitectura original y los fragmentos pictóricos que permanecen en sus muros. Para comprender mejor el aspecto que tuvo en su época de mayor esplendor, conviene complementar la visita con el Centro de Interpretación de San Baudelio, en Berlanga de Duero, que explica la historia del edificio y ofrece recursos gráficos y audiovisuales.
2. Qué ver en la ermita de San Baudelio
1. El exterior y la entrada
Desde fuera, el edificio presenta una apariencia sobria, construido con mampostería y sin la monumentalidad que cabría esperar de su importancia artística. La entrada, formada por arcos de herradura, anticipa el carácter singular de su arquitectura interior. El contraste entre la sencillez exterior y la complejidad del espacio interior es una de las primeras impresiones de la visita.
2. La columna-palmera
Es el elemento más famoso del templo. Una gran columna central se abre en ocho arcos de herradura que se extienden hacia la bóveda, formando una estructura semejante a las ramas de una palmera. Conviene detenerse bajo ella y observar cómo organiza todo el espacio, además de dirigir la mirada hacia la parte superior.
3. La bóveda y la linterna
Sobre la estructura de arcos se encuentra una pequeña linterna rematada por una cupulilla de nervios cruzados. Este remate acentúa el carácter extraordinario del interior y plantea interrogantes sobre la función que pudo tener originalmente el espacio superior. Su diseño es uno de los detalles arquitectónicos que justifican la fama del edificio.
4. Los restos de pinturas murales
Aunque la decoración original se perdió en gran parte, todavía pueden observarse restos de pinturas y huellas de las zonas donde fueron arrancadas. Lo importante es imaginar el efecto que produciría el conjunto cuando las paredes estaban cubiertas de color. Las pinturas conservadas permiten comprender que la ermita fue también un espacio de gran riqueza visual, no solo arquitectónica.
5. La tribuna o coro
En la zona de los pies del templo se encuentra una tribuna elevada, cuya disposición de arcos crea un espacio de gran originalidad. Su organización recuerda, por su ritmo y distribución, a una estructura de varias naves. Es uno de los puntos que mejor ilustran la combinación de soluciones arquitectónicas presente en San Baudelio.
6. El ábside y la ventana de herradura
En el extremo oriental se sitúa el ábside cuadrado, iluminado por una ventana de herradura. Su sencillez contrasta con la complejidad de la columna central y recuerda que, pese a su singularidad, el edificio fue concebido como un lugar de culto cristiano.
3. Las pinturas de San Baudelio que viajaron a otros museos
Uno de los capítulos más interesantes —y también más dolorosos— de la historia de la ermita es el destino de sus pinturas. En 1922 se acordó su venta y, tras el litigio que siguió, una parte importante de la decoración fue arrancada y trasladada al extranjero. Algunas de las pinturas terminaron en colecciones estadounidenses; seis fragmentos llegaron al Museo del Prado en 1957, donde se conservan como depósito del Metropolitan Museum of Art de Nueva York.
El elefante
Una de las imágenes más célebres del conjunto: un elefante que lleva una construcción sobre el lomo. Su presencia demuestra la variedad de motivos animales que decoraban la ermita y el interés por representar criaturas poco habituales en el arte de la época.
Ver ficha del Museo del Prado: Elefante de San Baudelio.
La cacería de liebres
Una escena dinámica en la que un cazador a caballo, acompañado de perros, persigue liebres hacia una red. Es un ejemplo destacado de la decoración de temática cinegética, muy diferente de las escenas religiosas del mismo conjunto.
Ver ficha del Museo del Prado: Cacería de liebres.
El oso y el soldado
Ambas figuras formaban parte de la decoración de la tribuna. Sus formas esquemáticas y expresivas ayudan a apreciar el lenguaje visual de los artistas que trabajaron en la ermita a comienzos del siglo XII.
Ver ficha del Museo del Prado: Oso de San Baudelio.
La importancia de estas pinturas reside también en la convivencia de temas sagrados y profanos. Las escenas de la vida de Cristo compartían espacio con animales y cacerías, un repertorio que los especialistas interpretan dentro del universo simbólico medieval. Por eso, las pinturas no deben entenderse como una colección de imágenes independientes, sino como parte de un programa decorativo concebido para el edificio.
4. Centro de Interpretación de San Baudelio
La visita puede completarse en el Centro de Interpretación de San Baudelio, situado en Berlanga de Duero, a unos kilómetros de la ermita. Sus paneles, maqueta y recursos audiovisuales ayudan a reconstruir mentalmente el aspecto que tuvo el templo cuando sus muros estaban cubiertos de pinturas.
Es especialmente recomendable visitarlo antes o después de la ermita, porque permite comprender mejor lo que se conserva y lo que desapareció. El acceso se gestiona a través de la Oficina de Turismo de Berlanga de Duero.
Información oficial: San Baudelio y Centro de Interpretación.
