Marrakech


Historia

Marrakech, conocida como la Ciudad Roja o la Ciudad Ocre, es una de las ciudades históricas más importantes de Marruecos. Su medina, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1985, conserva un extraordinario conjunto de murallas, puertas monumentales, mezquitas, palacios, madrasas, jardines, zocos y viviendas tradicionales. (UNESCO World Heritage Centre)

Una ciudad nacida con los almorávides

Marrakech fue fundada por los almorávides entre 1070 y 1072, en un momento en que esta dinastía bereber procedente del Sahara estaba construyendo un poderoso imperio que llegó a extenderse por gran parte del Magreb y al-Ándalus. La ciudad se convirtió rápidamente en su capital y en un importante centro político, económico y cultural del Occidente musulmán. (UNESCO World Heritage Centre)

Su posición, entre las rutas comerciales del Sahara y las tierras del norte de Marruecos, favoreció su crecimiento. Los almorávides levantaron mezquitas, palacios y jardines y establecieron las bases de la ciudad que conocemos hoy. Las primeras murallas de la medina se construyeron en el siglo XII, durante el reinado de Alí ibn Yúsuf. (UNESCO World Heritage Centre)

En 1147, los almorávides fueron derrotados por los almohades, que hicieron de Marrakech nuevamente su capital. De esta época procede uno de los grandes símbolos de la ciudad: la mezquita de la Koutoubia. Bajo los almohades, Marrakech experimentó un nuevo periodo de esplendor y se convirtió en una de las grandes capitales del mundo islámico occidental. (UNESCO World Heritage Centre)

Tras un periodo de decadencia durante la época meriní, la ciudad volvió a cobrar protagonismo con los saadíes, especialmente durante los siglos XVI y XVII. De esta época proceden algunos de sus monumentos más espectaculares, como las Tumbas Saadíes y el palacio El Badi. Posteriormente, la dinastía alauí continuó transformando y enriqueciendo la ciudad. (Bahja Spirit) Hoy, la medina sigue siendo una ciudad viva. Sus estrechas calles, zocos, riads, talleres artesanales y plazas mantienen buena parte de la estructura tradicional, mientras que fuera de las murallas se desarrolló la Marrakech moderna, con barrios como Guéliz e Hivernage. (Bahja Spirit)


Plaza Jemaa el-Fna

La plaza Jemaa el-Fna es el corazón de Marrakech y uno de los espacios urbanos más singulares de Marruecos. Más que un monumento en sentido estricto, es un auténtico teatro al aire libre, donde la vida de la ciudad se concentra especialmente al caer la tarde.

Durante siglos ha sido lugar de encuentro de comerciantes, artesanos, músicos, narradores y vendedores. Al anochecer cambia completamente de aspecto: aparecen puestos de comida, músicos y diferentes espectáculos populares.

Su importancia cultural es tal que la tradición cultural de Jemaa el-Fna fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. (UNESCO World Heritage Centre)

No te pierdas: contemplar la plaza desde alguna de las terrazas de los cafés cuando empieza a anochecer. Es uno de los mejores momentos para entender la personalidad de Marrakech.


Mezquita de la Koutoubia

La Koutoubia es el gran símbolo arquitectónico de Marrakech. Su imponente minarete, de unos 77 metros de altura, domina el perfil de la ciudad y sirve como punto de referencia para orientarse por la medina. (UNESCO World Heritage Centre)

Fue construida durante el periodo almohade, en el siglo XII, y constituye uno de los grandes ejemplos de arquitectura religiosa almohade. Su nombre procede de kutubiyyin, relacionado con los vendedores de libros que tenían sus negocios en los alrededores.

El minarete, construido en ladrillo y decorado con motivos geométricos, tuvo además una enorme influencia arquitectónica. Sus proporciones y diseño se relacionan con otros grandes minaretes del occidente islámico, entre ellos la Torre Hassan de Rabat y la Giralda de Sevilla. (Visita Marruecos)

El interior de la mezquita no está abierto a visitantes no musulmanes, por lo que la visita se centra en el exterior y sus jardines.


La Medina y sus zocos

La Medina es mucho más que un conjunto de monumentos: es la propia ciudad histórica. Sus calles forman una compleja red de pasadizos, plazas, mercados y pequeños barrios artesanales.

Los zocos ocupan buena parte de este laberinto y tradicionalmente se organizaban por oficios: cuero, metales, madera, tejidos, especias, cerámica y otros productos. Perderse entre sus callejuelas es una de las experiencias fundamentales de Marrakech.

La UNESCO considera la medina un ejemplo excepcional de ciudad histórica islámica viva, con sus casas tradicionales, zocos, fondouks y actividades artesanales. (UNESCO World Heritage Centre)


Madraza de Ben Youssef

La Madraza de Ben Youssef es uno de los grandes ejemplos de arquitectura islámica de Marrakech. Era una escuela coránica y llegó a ser una de las instituciones de enseñanza religiosa más importantes de la ciudad.

El edificio que se conserva actualmente fue levantado en el siglo XVI por los saadíes, durante el reinado de Abdallah al-Ghalib. Su estructura se organiza alrededor de un gran patio central y llegó a disponer de unas 130 habitaciones para estudiantes distribuidas en dos plantas. (Bahja Spirit)

Su principal atractivo está en la decoración: azulejos de zellige, estuco tallado, madera de cedro y motivos geométricos y vegetales. Es un magnífico lugar para explicar al viajero los elementos característicos de la arquitectura marroquí.No te pierdas: el gran patio central y la decoración de la sala de oración


Palacio de la Bahía

El Palacio de la Bahía pertenece a una época mucho más reciente que la Koutoubia o las Tumbas Saadíes. Fue construido durante el siglo XIX y constituye uno de los mejores ejemplos de la arquitectura palaciega marroquí de ese periodo. La oficina de turismo de Marrakech lo describe como un ejemplo excepcional de arquitectura marroquí del XIX. (Bahja Spirit)

El palacio está formado por una sucesión de patios, jardines, salones y estancias ricamente decoradas. En él destacan especialmente los zellige, los estucos tallados, los techos de madera pintada y la utilización de patios interiores como espacios de luz, sombra y vegetación.

Más que un único gran edificio monumental, la Bahía debe entenderse como un conjunto palaciego laberíntico, pensado para la vida privada y ceremonial de sus habitantes.


Tumbas Saadíes

Las Tumbas Saadíes forman una necrópolis real perteneciente a la dinastía saadí. Aunque algunas sepulturas son anteriores, el conjunto alcanzó su máximo esplendor durante el reinado de Ahmad al-Mansur, a finales del siglo XVI.

Su descubrimiento y conservación contribuyeron a revelar la importancia de la arquitectura saadí en Marrakech. El conjunto destaca por sus elaboradas decoraciones de mármol, estuco y azulejos.

La estancia más famosa es el Mausoleo de las Doce Columnas, donde se encuentra la tumba de Ahmad al-Mansur. La riqueza de su decoración refleja el poder y la sofisticación artística alcanzados por la dinastía saadí.


Palacio El Badi

Si la Bahía permite imaginar la vida de una residencia palaciega del siglo XIX, el palacio El Badi muestra las dimensiones que podía alcanzar un gran palacio real saadí.

Fue construido a finales del siglo XVI por Ahmad al-Mansur, uno de los soberanos saadíes más poderosos. En su época debió de ser extraordinariamente suntuoso, con grandes patios, jardines, estanques y una decoración realizada con materiales preciosos.

Actualmente se conservan principalmente sus enormes estructuras y ruinas, lo que hace que la visita tenga un carácter diferente. Precisamente la ausencia de buena parte de la decoración permite apreciar mejor la escala monumental del complejo.


Las murallas y las puertas de Marrakech

Las murallas son uno de los elementos que definen el paisaje de Marrakech. Las primeras grandes fortificaciones de la medina fueron construidas en el siglo XII, durante el periodo almorávide, y posteriormente fueron ampliadas y modificadas. (UNESCO World Heritage Centre)

Construidas principalmente con tierra apisonada de tonalidad rojiza, explican en buena medida el característico color de la ciudad.

Entre las numerosas puertas monumentales destaca especialmente Bab Agnaou, una de las entradas históricas a la zona de la Kasbah. Su decoración con ladrillo y piedra tallada la convierte en una de las puertas más interesantes de la ciudad. (Bahja Spirit)

Recorrer algunos tramos de las murallas permite comprender mejor cómo estaba organizada la antigua ciudad y cómo la medina quedó protegida dentro de un recinto fortificado.


Jardines de la Menara

Los Jardines de la Menara ofrecen una perspectiva diferente de Marrakech. Situados fuera de la medina, están dominados por un gran estanque artificial junto al que se encuentra un pabellón.

Su origen se remonta al periodo almohade y forman parte del sistema histórico de jardines y espacios agrícolas que rodeaban la ciudad. (UNESCO World Heritage Centre)

El gran estanque tenía además una función práctica relacionada con el riego, formando parte de un sofisticado sistema hidráulico. En días despejados, las montañas del Atlas sirven como espectacular telón de fondo


Jardín Majorelle y Museo Yves Saint Laurent

Para completar la imagen histórica de Marrakech conviene incorporar también el Jardín Majorelle, aunque pertenece a una época muy diferente.

Fue creado por el pintor francés Jacques Majorelle a partir de la década de 1920 y posteriormente adquirió una nueva dimensión cuando fue comprado y restaurado por Yves Saint Laurent y Pierre Bergé.

Su característica más reconocible es el intenso azul utilizado en edificios y elementos arquitectónicos, conocido como azul Majorelle, combinado con una extraordinaria colección de plantas procedentes de distintas partes del mundo.

Junto al jardín se encuentra el Museo Yves Saint Laurent, dedicado a la relación del diseñador con Marrakech y a su obra.